Página anteriorHomosexualidad en las poblaciones nativas de América del Norte
Doble-Espíritus y Berdaches

La imagen popular de la conquista del Oeste evoca imágenes de arriesgados vaqueros e indios valientes en lucha, en las que los nobles, pero técnicamente desfasados indios gradualmente caen y retroceden ante el poderío militar de los europeos y ante la fuerza moral de su "destino manifiesto" el principio legitimador de los blancos norteamericanos, quienes creían hallarse en posesión de un mandato divino para conquistar y gobernar toda la zona templada de Norteamérica, desde el Atlántico al Pacífico, de costa a costa. Y esto se nos ilustra con imágenes de indios varones felizmente emparejados con sus "squaws" y vaqueros y soldados que se dirigen rápidamente al burdel local, ante la mirada, estricta pero benigna, de una mujer bien.


El poeta homosexual
Walt Whitman

Sean cuales sean los méritos de esta mentalidad colonia, que aún hoy en día sigue en vigor, tanto de facto como de iure a través de los EE. UU., el hecho es que esta imagen guarda poca relación con cómo vivían vencedores y vencidos. Pero, probablemente, sólo un puñado de investigadores es consciente de la riqueza de la tradición homoerótica subyacente tanto en la cultura de los invasores como de las poblaciones nativas originales, cuyas tierras fueron asaltadas. Poco diremos aquí de las relaciones íntimas que pudieran mantener los vaqueros entre sí; y en lo que respecta a los besos furtivos entre soldados, ya dijo bastante Walt Whitman.
De momento, los antiguos patrones del amor entre hombres que se habían desarrollado en cada una de las culturas de las tribus indias norteamericanas es sumamente interesante (y no olvidemos que aquí cabe todo, incluso ocasionalmente tribus homofóbicas). Hasta ahora, los historiadores han denominado a las múltiples formas adoptadas por esta tradición han sido clasificadas bajo el término de "berdachismo" o "berdache", que el diccionario Webster's  define como "varón homosexual, indio norteamericano travestido, que toma de modo más o menos permanente los ropajes, el status social y el papel de mujer".
Pero, como suele ser habitual, la experiencia de los indios norteamericanos va mucho más allá del estereotipo asumido por las masas o por los profesionales. Aunque sería presuntuoso pretender representar su esencia, podemos fijarnos en algunos aspectos esenciales de la integración de personas con identidad de género poco común en su sociedad.
El primer paso de un doble espíritu se daba durante la infancia. El ritual papago simboliza esta integración temprana. Si los padres notaban que su hijo no estaba demasiado interesado en los juegos de niños o en las actividades de hombres, organizaban una ceremonia para determinar cómo debían criarlo. Hacían una cerca, en cuyo centro colocaban un arco (instrumento de hombres) y una cesta (de mujeres). Se decía al niño que se metiese en el cercado y que sacase algo y, cuando entraba, se prendía fuego a la cerca. "Miraban lo que llevaba consigo al salir, y si era la cesta, se asumía que era un berdache".
El ritual de los indios mojaves solía desarrollarse cuando el niño tenía entre 9 y 12 años de edad, y tenía multitud de formas, pero presentaba la constante de permitir que se manifestara espontáneamente la naturaleza del niño: se preparaba un círculo de cantantes, sin que el niño lo supiera, en que tomaban todos parte, incluidos amigos y parientes lejanos. El día de la ceremonia, todos se reunían y se llevaba al niño al centro del círculo. Si permanecía dentro, el cantante, oculto entre la multitud, empezaba un cántico ritual. Si el niño estaba llamado a seguir el camino de los dobles espíritus, empezaba a bailar como una mujer. Los mojaves decían "No puede evitarlo". Tras la cuarta canción, se proclamaba al chico persona de doble espíritu y, desde ese momento, se le criaba adecuadamente, conforme a esa condición.
¿Qué significaba "adecuadamente"? Se trataba de enseñar al muchacho a hacer los trabajos de las mujeres así como aquellos reservados a los hombres. También debía pasar tiempo con los sanadores, que también solían ser dobles espíritus. Por encima de todo, su niñez estaba marcada por la aceptación y la comprensión. Ello no impedía que el niño se viese desprovisto de su alteridad. Joseph Quiñones, primo de un joven de doble espíritu de la tribu yaqui, cuenta que "una vez, los niños nos metimos con él por no ser típicamente masculino, pero mi tía abuela, la matriarca del clan, nos riñó mucho. Dijo que era parte de su carácter y que debíamos respetarlo."
En épocas recientes, esta aceptación se ha visto socavada por la enseñanza en régimen de internado a que se ha forzado a los niños indios, debido a la influencia de los misioneros cristianos y, cada vez más, por la influencia de la televisión sobre el espacio psíquico de la tribu, que ha supuesto que los dobles espíritus sean contemplados con desconfianza por los menos tradicionalistas de su colectividad. Robert Stoller nos hace notar el "(…) deterioro entre los indios americanos de las técnicas de ritualización de los comportamientos que van más allá de la división de géneros. Ya no se trata de un lugar para el papel -mejor dicho, la identidad- de un hombre/mujer, cuyas dimensiones quedan fijadas por la costumbre, la ley, el consenso y la responsabilidad. Las tribus lo han olvidado y, en su lugar, este papel se convierte en fantasmagórico."
No sólo todas las tribus reconocían la existencia de los dobles espíritus, sino que cada una le daba un nombre. Los dinéh (navajos) los llaman nàdleehé, "el que se transforma"; los lakota (sioux), winkte; los mojaves, alyha; los zuni, ihamana; los omahas, mexoga; los aleutianos y kodiaks, achnucek; los zapotecas, ira'muxe; los cheyenes he man eh. Esta abundancia de denominaciones nos da fe de la familiaridad de los indios norteamericanos con las personas que cambiaban de género. Como prueba del papel sagrado que tenían, y tienen, en su sociedad original, nos remitimos a sus propias fuentes. Ferry El Que Llama al Águila, un lakota, nos relata que "los winktes han de haber nacido así. La gente sabe que una persona va a convertirse en winkte muy al principio de su vida. A la edad de doce años, sus padres le llevan a una ceremonia de comunicación con almas errantes de winktes, que tienen el poder de verificar si sólo se trata de una fase o de algo permanente que durará la vida entera. Si se produce la visión adecuada y se establece comunicación con el alma errante de winktes, se le acepta como winkte."
Claire R. Farrer, una antropóloga que se ha vuelto todo lo nativa que ha podido, nos informa de la situación actual de los apaches mescaleros: "Los mescaleros consideran que los adultos multisexuales tienen poderes. Como tienen a la vez hombría y feminidad íntimamente ligadas en su ser, pueden "ver" con los ojos tanto de hombres de verdad como de mujeres de verdad. Se les suele requerir en calidad de sanadores, mediadores, intérpretes de sueños, o se presume que se dedicarán a cantar o a otras actividades dedicadas a la felicidad del grupo. Si hacen cosas extraordinarias en cualquier aspecto de la vida, se presume que tienen licencia y poder para hacerlas y así, nunca se les cuestiona esa capacidad".  


Los perros del conquistador Balboa atacan a indios "sodomitas" en Panamá

En la vida diaria, el varón de doble espíritu solía llevar ropas de mujer y hacer trabajos de mujer. Se le aceptaba como "una de las chicas". Podía coger por marido a uno de los hombres de la tribu, o tener relaciones con varios, o ambas cosas. Generalmente, se suponía que los varones de doble espíritu no tenían relaciones con mujeres. Pero ninguna de estas "normas" era demasiado fija.   Vemos una y otra vez cómo la norma variaba, cambiaba, se transformaba, y cómo esta duplicidad de roles de los que sentían la llamada era bienvenida y apreciada por los demás. Pero hete aquí que se nos plantea un problema epistemológico real: no es posible definir qué es realmente un doble espíritu. Aunque se reconoce la existencia de estos individuos, "las señas distintivas de esta identidad eran variables."   Quizás debamos darnos por satisfechos con la explicación ofrecida por P. K, una de las profesoras dinéh de Carolyn Epple, quien dicho que necesitamos "(…) poder contemplar a los nàdleehé como a seres humanos que nos dan soluciones."
Además de sus aptitudes espirituales, su capacidad para el trabajo sirve para explicar el elevado status social de los dobles espíritus. A pesar de que un doble espíritu adoptase la identidad de género de una mujer, no por ello dejaba de tener la resistencia y la fuerza de un hombre, con lo que su productividad era superior a la de muchas mujeres, motivo por el que también se le consideraba más interesante para ser tomado en matrimonio. Otras características que los nativos asocian con los dobles espíritus y que ayudan a explicar su deseabilidad como parejas son una capacidad muy desarrollada de interactuar con y enseñar a los niños, una naturaleza generosa y capacidades artísticas e intelectuales excepcionales.
Tal y como dijimos antes, la institución ha venido cayendo en desuso hasta ahora. No obstante, los dobles espíritus están volviendo a ser bien valorados y las raíces culturales y espirituales y a experimentar la llamada interior. Muchos de los que, como resultado de las políticas de tierra quemada de la Oficina de Asuntos Indios del gobierno de EE. UU. intentaron huir del aislamiento y del rechazo adoptando intensidades gays modernas, y están así volviendo a conectar con su herencia mediante grupos como Native Gay and Lesbian Gathering. Están reinterpretando su identidad en términos que ni son los que dicta la cultura blanca ni los de sus antiguas costumbres. El resultado es una mezcla propia, hecha por ellos mismos que, al romper tanto las formas tradicionales como las modernas sigue siendo fiel a la auténtica esencia de la vida de los dobles espíritus. Tal y como nos dice Michael Tierra Roja, "en el mundo contemporáneo, es fácil verse confundido por los títulos: gay, hetero, winkte o marica. Yo, una vez que me di cuenta de que mi familia respondía bien y me trataba con respeto y aceptación, y una vez que me di cuenta de que este respeto y esta aceptación eran un legado de nuestro pasado tradicional indio, me sentí capacitado para presentar mi auténtico ser al mundo y volver a asumir las responsabilidades que implica ser una persona de doble espíritu."
Aunque, debido a la naturaleza de esta página bien, la discusión se ha centrado sólo en lo relativo a los varones en las sociedades indias norteamericanas, no por ello deberíamos dar por sentado que el camino de la doble espiritualidad estaba, o está, vedado a las mujeres. Si se puede extraer una conclusión de lo que sabemos sobre la variación de géneros en las sociedades indias tradicionales, ésta es que la flexibilidad de roles de género es considerada positivamente como un aspecto escaso y precioso de la experiencia humana, un talento especial para vivir la vida con frescura, espontaneidad y autenticidad, enriqueciendo y fortaleciendo las vidas de todo el entrono. La sofisticación psicológica de las tribus indias norteamericanas es un legado duradero que permitió identificar a las personas de doble espíritu como motores de creatividad, cambio e innovación (por mucha que haya en otras culturas y siga habiendo en la nuestra) y coadyuvó en la creación del espacio sagrado en el que estas personas podían manifestarse.

Como dijo Joe Medicine Crow, un tradicionalista de la tribu crow, a Walter Williams: "nosotros, a diferencia de la sociedad blanca, no desperdiciamos gente. Cada persona tiene un don".  

 

Tomado de: The World History of Male Love